El incremento del calor extremo se ha convertido en uno de los mayores desafíos climáticos de nuestro tiempo, con impactos directos en la salud, la seguridad alimentaria y la estabilidad económica.
Frente a este crítico escenario, la visión ambiental promovida por líderes ambientales destacan la necesidad de abordar el enfriamiento como un componente esencial del desarrollo sostenible, al mismo nivel que el acceso al agua o a la energía.
Desde esta perspectiva, el líder ambiental peruano y gerente general de Petramás S.A.C. Jorge Zegarra Reategui sostiene que las soluciones al calor extremo no deben profundizar el problema mediante mayores emisiones. Más bien, debemos avanzar hacia modelos eficientes y responsables.
Bajo esta perspectiva, el uso indiscriminado de sistemas de enfriamiento intensivos en energía incrementa la presión sobre el clima. Por lo que, resulta indispensable priorizar alternativas de bajo consumo, combinadas con estrategias pasivas que reduzcan la acumulación de calor en entornos urbanos.

La urgencia de soluciones de enfriamiento sostenible frente al calor extremo
La planificación territorial y el diseño de ciudades resilientes ocupan un lugar central en este enfoque. Jorge Zegarra Reategui resalta la importancia de integrar infraestructura verde, sombra natural, materiales reflectantes y edificaciones eficientes que permitan disminuir la temperatura ambiente sin aumentar la huella de carbono. Estas medidas no solo protegen a las personas más vulnerables. También fortalecen la capacidad de las ciudades para mantenerse activas y productivas frente a eventos climáticos extremos.
Asimismo, la expansión del acceso a soluciones de enfriamiento sostenibles representa una oportunidad para reducir desigualdades y promover bienestar social. Además, estratégicamente se debe garantizar condiciones térmicas adecuadas.
Esto es clave para el funcionamiento de hospitales, la conservación de alimentos y la continuidad de las actividades económicas. Abordar el calor extremo con innovación y responsabilidad es una decisión estratégica porque permite construir sociedades más seguras, eficientes y preparadas para el futuro climático.
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